Síndrome de Asperger. Criterios diagnósticos y cuadro clínico

Recién en la última década con su incorporación en las clasificaciones de uso internacional: ICD 10 (1993)(13) y DSM IV (1994)(18), o regionales como la francesa CFTMEA-R-2000(4), comienza a considerarse entre los profesionales de la salud mental y la educación la existencia de un grupo de personas con una inteligencia normal, algunas veces alta, y un déficit social severo, que presentan el Síndrome de Asperger (SA). Algunos estudios –Howlin y Moore(9) 1997–, muestran la demora en el diagnóstico hasta la adolescencia o la juventud. Nuestra experiencia también es similar, ya que lo más frecuente es diagnosticarlo por consultas que se realizan en la segunda y tercera década de la vida. ¿Qué sucedió antes, si como entendemos ahora es un trastorno que comienza a manifestarse muy temprano, entre los dos y tres años?

Las pautas del desarrollo, al no presentar el niño un retraso madurativo ni alteraciones en el lenguaje significativos, no generan una preocupación especial ni en los padres ni en los profesionales. Las manifestaciones en lo social, en general dificultades de integración, son atribuidas al temperamento del niño o a fallas ambientales.

En la escuela primaria, donde las reglas sociales explícitas o implícitas son más complejas y la exigencia de cumplimiento de normas es más estricto, aparecen dificultades de conducta que son atribuidas a otros trastornos, como Trastorno por Déficit de Atención, Trastorno Obsesivo Compulsivo o Trastorno Oposicionista Desafiante.

A otros niños que presentan formas más atenuadas, o por su competencia académica, o por la mayor tolerancia del medio, se los considera solamente niños tímidos, o rebeldes, que se aburren, o excéntricos por sus intereses particulares. Es en la adolescencia, cuando el trastorno suele presentarse con dramatismo, debido al rechazo de los demás o la frustración de ellos mismos, junto al desconcierto y angustia de los padres ante las conductas de su hijo. En un desencuentro que tan bien fue descrito en una reciente obra de ficción “El curioso incidente del perro a medianoche”, de Mark Haddon*

Sumado a esto, encontramos que los datos epidemiológicos más actuales hablan de un gran incremento de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD) y particularmente del SA; autores como Gillberg(2) refieren resultados de prevalencia entre 25 y 45 cada 10.000 habitantes. De allí la necesidad de describir el desarrollo de los criterios diagnósticos y el cuadro clínico de esta patología para su mayor conocimiento.